Por una carambola del destino, mi trabajo me ha llevado esta vez a China. En un principio teníamos programado un viaje a Israel, pero debido a los últimos acontecimientos hubo que anular todo y reprogramar llevar a 11 personas más todo el equipo hasta China. Viajamos con un mal sabor de boca, no sólo por haber cambiado nuestro destino, sino por el motivo por el que no visitaríamos el país judío: la gravedad de los incidentes en la franja de Gaza y las imágenes que habíamos visto en televisión de los palestinos nos hicieron desistir de trabajar en un país que literalmente está masacrando a otro, permisos que nos habían denegado y la dificultad de movernos por las carreteras israelíes. Si me paraba a pensarlo, cambiar los planes y reprogramar un viaje completo es una tontería comparado con la grave situación que viven los palestinos....
Llegamos a Pekin (Beijing) en dos vuelos diferentes, con escalas unos en París y otros en Helsinki. Cuando llegas al aeropuerto chino, no sólo pasas los controles de seguridad y pasaporte, sino también por una máquina que detecta a pasajeros que tienen fiebre. Con más de 40 grados de fiebre te prohíben la entrada al país. Incluso si llevas gorra te hacen quitártela.
China ocupa una superficie equivalente a 20 Españas y su población ronda los 1.300 millones. Cuando llegas a Pekín es imposible divisar el horizonte por la espesa capa de contaminación que cubre la ciudad. Según estudios de Greenpeace los pequineses aspiran un aire equivalente a fumar 70 cigarrillos diarios, debido principalmente a que todavía utilizan el carbón para la calefacción y por el intenso tráfico. En China todo es superlativo: las calles, los edificios, las plazas, pero es curioso ver cómo conviven todavía hoy en un solo país un feroz capitalismo y los vestigios de un antiguo comunismo.
Preparados para el año nuevo chino.
¿Cómo son los chinos?...mmmmmm..........en primer lugar, son muchos, o diría que demasiados. Vayas donde vayas hay mucha gente, pero a diferencia de Japón, donde encontré la sociedad más educada que he conocido, o la amabilidad exquisita de Vietnam, Tailandia o Camboya, los chinos son bastante rudos: no conocen el concepto de hacer colas, simplemente hay grandes masas de gente que se desplazan al punto deseado sin siquiera esquivar lo que se les ponga por delante, ya sea en una taquilla de tren, al subir a un autobús o simplemente caminando por la calle. Ellos trazan una línea recta imaginaria de su destino y van en esa dirección sin importarles los obstáculos que encuentren en su camino.
Son sucios, y cuando digo sucios digo muy sucios; aparte que los baños públicos (la mayoría de ellos son un agujero en el suelo y no hay papel) están en un estado en el que te hace plantearte si entrar o preferir que reviente tu vejiga Es muy normal verlos escupiendo por la calle. El verano pasado hicieron una campaña destinada a evitar en lo posible que abandonaran dicha costumbre para no dar una imagen tan negativa del país durante la celebración de los JJOO. El remedio fue peor que la enfermedad: colocaron grandes escupideras en algunas calles donde los chinos (sólo algunos) lanzan sus proyectiles, y debido a las bajas temperaturas de la capital parece ser que estaban congelados. Digo parecen porque desviaba la vista cuando me avisaban que había alguno cerca. Aparte de eructar en cualquier lugar y situación, costumbre que es común a muchos países, es normal verlos con palillos en la boca que luego utilizan para explorar sus oídos, meterse el dedo en la nariz, etc. Quizá todo ésto parezca una exageración, pero es así.....Y cuando te encuentras entre una gran masa de chinos que te rodea, el olor es bastante insoportable. No quiero imaginar cómo será cuando hace calor, porque ahora en invierno y todos tapados producen un olor parecido al vinagre concentrado.
Son ruidosos y gritones. Hace 2 años había más de 500 millones de móviles en el país, cantidad que crece a una velocidad de más de 50 millones por año. Cuando hablan por teléfono lo hacen alto, muy alto, gritan y gesticulan. Utilizan tonos de llamada de lo más escandaloso, entre ellos éxitos de Kenny G o Richard Clayderman a un volumen increíble. Por ejemplo, en los trenes, donde hay cinco categorías de billete: asiento duro, asiento blando, cama dura y cama blanda; y la peor de todas: de pie (incluso en trayectos de más de 600 km), gritan, no paran en sus asientos, cantan, regañan a los niños a un volumen increíble, etc. (Supongo que en el ránking de gritones los españoles no estamos en el primer puesto, como mucho seremos los segundos después de los chinos). Todo acompañado por unas guapas azafatas que pasean con un carrito con los productos más variados: fideos calientes, linternas que se encienden moviendo la mano, farolillos de papel, barras de incienso....de todo. Si se sientan frente a tí te miran directamente, sin disimulo, y siguen cualquier movimiento que hagas. Seguramente piensan: "¿Qué harán aquí estos "ojos de vaca"?. "Ojos de vaca" nos llaman en muchos países orientales a los extranjeros occidentales por no tener los ojos rasgados como ellos.
Entrada a la ciudad prohibida de Pekín
Conducen con una única máxima: "mariquita el último", y sólo respetan los pasos de cebra y semáforos cuando hay algún policía de tráfico. Utilizan continuamente el claxon: para girar, para adelantar, para todo...Fuman en cualquier lugar que les apetezca (son fumadores empedernidos), incluso en el autobús, independientemente de lo lleno que vaya, o en una gasolinera.
Quizá los chinos más encantadores son los que viven alejados de las ciudades, aunque con costumbres que a nosotros no dejan de resultarnos chocantes: por ejemplo, los niños visten unos pantalones con una abertura inferior, caminan por la calle agarrados de las manos de sus madres. En un momento dado tiran de la mano de mamá, quien se agacha y abre la abertura del pantalón para que el niño haga sus necesidades allá donde le pille.
Paisaje de Guilin
Es el país de las paradojas: convive un capitalismo feroz con trabajadores cuyas jornadas laborales sobrepasan las 70 horas, sueldos mínimos y sin derecho a paro. Grandes edificios y hoteles lujosos con obreros de la construcción trabajando a bastantes metros del suelo sobre andamios de bambú. Es algo común que haya accidentes en las minas (todavía se utiliza mucho el carbón) y que mueran de golpe más de 250 mineros.
Vista nocturna de Shanghai
Son bastante reacios a hablar de política, y mucho menos a criticar a su gobierno. Por ejemplo, cuando visitas la plaza de Tiananmén "olvidan" hacer cualquier referencia a los estudiantes que murieron en 1989. Simplemente ese hecho no existió. Viven con esa especie de miedo común a los países comunistas a ser visto u oído en cualquier situación que no agrade al partido. Por ejemplo, en un cibercafé he visto puestos aislados para los extranjeros (supongo que con un acceso a internet sin censura) donde debías enseñar el pasaporte para conectarte. Nada más llegar el intérprete nos dijo, sin preguntarle, que China jamás ha invadido Tibet porque Tibet es China y que no comentaría nada sobre los sucesos de la plaza de Tiananmén del 89 ¿?
Hong Kong. En primer plano pescadores que viven en barco-vivienda. Detrás los lujosos edificios de la clase alta (altísima) hongkongnesa
Los transportes públicos mantienen una puntualidad suiza, otra cosa es acceder a la puerta de embarque o subir al tren sin pelearte y darte de codazos con ellos. ¿Cómo son los chinos físicamente? pues feos, muy feos (ellos). Las mujeres guapas e incluso muy guapas, algunas eran auténticas muñecas.
He visto muchos extranjeros en China, y por supuesto, muchos españoles. Sobre todo en las tiendas o en el mercado de la seda de Beijing o en la calle Nanking de Shanghai. El mercado de la seda es.....cómo os diría......un todo a 100 de los de aquí pero de imitaciones. La diferencia es que se trata de un edificio de 5 plantas donde las falsificaciones se distribuyen por plantas: camisetas, bolsos, relojes, etc. De los 11 que entramos en el mercado, 3 de nosotros aguantamos solamente media hora: los comerciantes te asedian, te agarran del brazo, te persiguen, te dicen "Espania, Espania olé, Leal Madlid, Pantoja" para que compres artículos de pésima calidad pero con la marca bien visible. Algunas compañeras mías llevaban la maleta medio vacía para poder cargar allí lo que a mí me parecen porquerías. Las imitaciones son de dudosa calidad y otras clavadas exactamente a lo artículos originales. No sé si las segundas son imitaciones o productos sacados bajo cuerda de las fábricas que cientos de multinacionales han instalado allí. Para poner un ejemplo, un chaquetón North Face para hombre puede costar unos 15€, lo que no sé es si luego realmente abriga. Me comentaba un holandés en el hotel, que su mujer había comprado relojes que ya se habían parado, camisetas que le habían desteñido la ropa interior y pendrives de 8Gb que aún no había probado pero que se temía no iban a funcionar. Dos "raros" y yo preferimos acercarnos a un parque que había cerca a comernos unos fideos y a ver un típico hutong (barrio chino con casas antiguas). El mercado abre de 8:30 a 21h ininterrumpidamente, incluso ampliando este
horario mientras haya un cliente a la vista. El dicho "Trabajas como un chino" es una realidad, no una frase hecha. Lo que me parece increíble es que este mercado sea el tercer punto turístico más visitado tras la plaza de Tiananmén y la gran muralla .....¿? olvidando lugares como el mercado de los pájaros y las flores de Lutang.
La comida..........de una variedad increíble. Si apartas la idea de lo sucios que son y comento más arriba y no piensas qué pueden hacer en la cocina, puedes probar delicias que no se parecen en nada a los platos de los restaurantes chinos de aquí. Es cierto que comen absolutamente de todo; según nuestro intérprete: "comemos todo lo que nada, vuela, anda, y todo
lo que tenga patas excepto los bancos de la calle" Cierto que comen serpiente, saltamontes, escarabajos e incluso perro, pero tampoco hay que preocuparse mucho porque se tratan de productos más caros que el pollo, por ejemplo, por lo que es dudoso que den el cambiazo. No obstante, suelo viajar siempre con lomo y jamón envasado (soy bastante de pueblo) y en más de una ocasión me he salido a la calle y me he comido en un banco un bocadillo. Para el que no tenga problemas de este tipo, la variedad de platos es casi infinita, e incluso el mismo plato es completamente diferente según en el lugar de China donde se coma.
El día de fin de año para ellos (este año ha sido el 25 de enero) comen un plato típico llamado JIAOZI que significa literalmente "dormir juntos y tener hijos". No sé si ellos se lo toman de una manera literal.Su forma de celebrar el año nuevo es quemando miles y miles de yuanes en la calle. Como curiosidad, el gobierno chino prohíbe comprar más de 30 kg de artículos
pirotécnicos por persona. Sí, sí, 30 kg. Podéis imaginar que caminar por la calle el día de Año Nuevo es ir dando brincos del susto cada pocos metros. A mí me pilló el Año Nuevo chino en Shanghai (26 de enero), cuando comenzó el año del buey. Cada año, y debido a ser un calendario lunisolar, los años constan de 383 o 385 días, por lo que el año comienza en una fecha diferente cada año.