
Brasil III: Río De Janeiro
Si hay una palabra que puede resumir lo que se siente en esta ciudad es, sin duda alguna,
carnaval. No un carnaval pomposo como el que se ve en la televisión y al que se asiste en el sambódromo, sino el carnaval de la calle, el de los “blocos”; el de la gente que sale, baila y disfruta; gente que olvida sus penas y se reúne para festejar… ya llegará la cuaresma con sus penas y sacrificios…
La ciudad de Río está marcada por la enorme afluencia de turismo que recibe día tras día durante todo el año. Sus inmensas playas, como Copacabana o Botafogo, el pan de azúcar, el Cristo del Corcovado y tantos otros lugares hacen de esta ciudad un punto de referencia para todo turista que llegue a Brasil.
De hecho, una de las estampas típicas de esta ciudad es la del helicóptero que muestra a los turistas toda su belleza desde el aire:
Dos visitas obligadas: el pan de azúcar, inmenso en su pequeñez; y el Cristo, igualmente inmenso. La vista desde ambos lugares es increíble. Y Río descansa entre ellos apacible y sereno.
En sí misma, la ciudad descansa entre diversas montañas o “morros” como los llaman ellos. En ellos la gente se hacina en pequeñas viviendas dando lugar a las favelas.
Otros morros han servido desde su descubrimiento como fortaleza, impidiendo que piratas u otros visitantes no deseados pudieran adentrarse hasta las riquezas de Río.
Otros puntos de visita obligados son el estadio del Maracaná, versión moderna del coliseo romano:
Yo también pisé el Maracaná…
Si alguna vez vais a Río y visitáis el sambódromo veréis cómo la gente de Río es capaz de aguantar bailando hasta el amanecer. Sin duda alguna, es una buena excusa para ver salir el sol desde la playa…
Os dejo también y para terminar, dos imágenes de esas más artísticas, de la arquitectura de Río…
Ya sé que falta todo el espectáculo del sambódromo… por prudencia no me llevé la cámara; aunque pude utilizar una compacta, no he visto nada que realmente me convenza. Ya lo revisaré otra vez a ver si rescato algo…
Bueno, un saludo y hasta la próxima entrega.
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Retratar la realidad no como es, sino como la muestro; expresando las cosas que digo conforme a la verdad, mas sin concluirlas, de modo que todo lo demás, el contexto y el espíritu sugeridos por la escena, sean trabajo del espectador.
Arturo Pérez-Reverte (El Sol de Breda).
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